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Mis 2 cuñadas - Desnuda/Light

 

Hola me llamo David, tengo 23 años, soy de Madrid y me considero un chico bastante normal, lo único que me pasa es que me encantan las mujeres y es por eso que me gusta ser un poco o bastante voyeur. Y yo digo: ¿A quien no? tratándose de mujeres a las que vamos a ver. Pues bien, la historia que os voy a narrar es totalmente cierta.

Un día estando en casa de mi novia tuve que ir al baño y fue cuando me di cuenta de que en la zona baja de la puerta había como una especie de respiradero, no sé si habréis visto uno alguna vez, y de inmediato se me vino a la cabeza si se podría ver algo, y fue lo que hice comprobar que es lo que se podía ver y cual fue mi sorpresa que se veía todo el baño perfectamente. Al comprobar esto estaba deseoso de poder ver a alguna de mis cuñadas, porque vaya como están. Una tiene 27 años rubia, 1,70 cm, y calculo que unos 63 kilos, tiene unas tetas bien grandes, y un culo bastante prieto, la otra tiene 25 años mide 1, 63 cm, y pesara unos 55 kilos, tiene las tetas más pequeñas pero bien firmes pero su culo es espectacular, las dos son guapísimas y además están en forma ya que les gusta el deporte y lo practican. Es por esto que estoy deseando verlas.

Entonces llegó el día deseado, estando allí en su casa la morena dijo que iba al baño, yo me apresure y dije que yo también iba, (aprovechando que el otro baño esta al lado) pero esta claro lo que hice, me arrodille delante de la puerta me disponía a mirar pero siempre atento no fuese a venir alguien, lo que hacia la situación aún más morbosa si cabe, pues a lo que iba, comenzó a bajarse los vaqueros y se sentó en el retrete, una vez que terminó de mear, cogió un poco de papel para secarse su coñito, mientras hacía esto yo puede observar aquella maravilla, ese coñito rasuradito, lo justo para que no se le viera nada con el tanga, tanga que pasó a subirse, tanguita negro de transparencia que dejaba ver todo su vello púbico, el poco que tenia, una vez que lo tenia puesto.

Con el sonido de la cisterna reaccione y pegue un bote no fuese a verme. Desde ese día mi cuñada me gustaba aún más, pero quedaba poder ver a la rubia. Pero en esta ocasión fue algo mejor, dijo las palabras clave, me voy a duchar, dentro de mi salto la alarma y me puse atento a ver cuando se metía en el baño, cuando escuche que se metió yo de inmediato dije que iba al baño. Y nuevamente allí estaba yo de rodillas esperando ver el espectáculo, se comenzó a desnudar y notaba como se me aceleraba el corazón, primero los pantalones, después la camiseta y llegaba el gran momento, el sujetador, oooooh! que maravilla de tetas, blanquitas, unas aureolas enormes y unos pezones preciosos, solo le quedaba el tanga y no veas como le quedaba, de buena gana se lo hubiese arrancado de un mordisco, en esos momentos tenia la polla durísima y el corazón se me iba a salir por la boca, en ese momento comenzó a masajearse las tetas, madre mía, que malo me estaba poniendo, entonces se giro y empezó a bajarse ese tanga maravilloso y al inclinarse hacía delante para recogerlo que imagen más perfecta. Me dejo ver ese coñito totalmente rasurado que me dejaba apreciar toda su belleza, esos labios que decían, ¡cómeme!, vaya espectáculo que estaba viendo se giro una vez más y pude ver como tenía un hilito de pelos que no se apreciaban muy bien ya que eran rubios.

A continuación se metió en la ducha con lo que me tuve que marchar ya que no se podía ver nada por culpa de la mampara, que lastima. Pero bueno, agudizando un poco el oído, averigüe cuando había terminado y nuevamente corriendo me dirigí a ver aquella maravilla y así fue pude ver como secaba ese cuerpo perfecto, era tal la excitación que tenia que estaba deseando follarme a mi novia y que alguna de sus hermanas nos pillara y se uniera a nosotros.

A los pocos días le tocó a la morena, de la cual solo había podido apreciar días atrás su maravilloso coñito por delante, y una vez más allí estaba yo de rodillas, dispuesto a ver ese maravilloso espectáculo, al igual que su hermana comenzó a desnudarse, y solo de imaginar lo que venia la verga se me puso durísima, está no tenia las tetas tan grandes, pero las tenia muy bien puestas, redonditas y los pezones como dos pitones apuntando hacía arriba, sus aureolas eran pequeñas y oscuras, y por fin el gran momento de ver ese coñito, para mi sorpresa se lo había rasurado por completo, como me gustó aquello, pude apreciar con absoluta claridad aquella belleza, al igual que su hermana cuando se agacho aquello fue genial pude verle el ano tan maravilloso que tenia, perfecto para follárselo al igual que su coñito, sin duda me gustaría que fuera esta la que nos pillara follando y se uniera, unas piernas perfectas. Y al igual que su hermana tuve que esperar a que se duchase para poder apreciar aquella belleza toda mojada, de nuevo.

Desde entonces han sido muchas otras veces las que las he podido ver, y no solo a ellas, sino también a alguna que otra amiga de mi novia y a su prima. Y no han sido pocas las pajas que me he hecho pensando en todas ellas, y todavía hoy sigo esperando a que alguna de las hermanas o amigas de mi novia nos pillen follando y se unan. Os tengo que decir que esto es como una droga, que una vez que pruebas cuesta dejarlo. Os animo a que lo probéis.

 

 

Mi mejor amiga y yo - Lésbico

 

La verdad, a mí nunca me han llamado la atención las chicas, pero con mi mejor amiga era distinto. Cuando éramos unas crías éramos muy tímidas, de hecho lo seguimos siendo, pero no hace mas de un año, todo empezó con un reto por parte de un amigo. Nos retó a darnos un simple beso en los labios ya que las dos renegábamos bastante a dar besos a otra chica. Desde entonces, darnos besos en la boca se fue haciendo poco a poco más común, tanto, que en poco tiempo ya no eran simples besitos, si no que jugábamos con lengua incluso, pero nada más. Así nos hemos mantenido hasta hace 3 fines de semana.

Era viernes por la noche y salimos a bailar con los amigos. Bebimos bastante, y al llegar a su casa nos acostamos en su cama. Estábamos bastante tranquilas y con ganas de dormir, pero cuando quise darme cuenta estábamos liándonos con besos mucho más húmedos de lo normal, y acariciándonos como nunca lo habíamos hecho. Esa noche todo quedó ahí, y la misma situación se volvió a repetir al viernes siguiente y dos o tres días después, esa vez sin haber bebido. Estaba claro que algo estaba sucediendo, algo que era desconocido para nosotras, pues manteníamos que lo hacíamos solo por diversión, y que lo que de verdad nos atrae a ambas son los chicos. Lo mismo volvió a ocurrir un jueves: estábamos viendo la televisión en su casa, bastante aburridas, y yo me quedé dormida pero de repente noté como algo húmedo me rozabas los labios, era su lengua. Yo no tardé en reaccionar y en poco tiempo estábamos de nuevo acariciándonos y besándonos.

Ese viernes no salimos de fiesta, nos fuimos a cenar con unos amigos, y la verdad que la noche no prometía nada divertido hasta que, cuando quedábamos solo un amigo y nosotras dos, llamó otro amigo que acababa de terminar de trabajar. Nos propuso irnos a un parque, pusimos unas toallas y nos tumbamos en el césped los cuatro, nosotras estábamos bastante cansadas y nos tumbamos una frente a otra y abrazadas ya que hacía bastante frío. Nuestros amigos se tumbaron también cada uno detrás de una de nosotras, que les dábamos la espalda, de manera que no podían ver lo que ocurría entre nosotras: ella empezó de nuevo a darme juego con su lengua y yo hice lo mismo, era bastante excitante pensar que podían vernos y la impresión que podía causar la escena, ya que dado lo tímidas que somos nadie podía imaginar lo que venía ocurriendo de un tiempo a acá. Decidimos volver a casa, y el camino era bastante largo, íbamos en un furgón de esos de 8 plazas. Nosotras nos sentamos en la segunda fila de asientos y pronto me tumbé para tratar de dormir un poco por el camino, ella se echo encima de mí y tardó poco en empezar a besarme, a acariciar mi abdomen, yo le acariciaba la espalda. Mientras nuestros amigos estaban ajenos a todo lo que ocurría en la otra punta del coche, empezó a besarme el cuello, a recorrerlo con su lengua. Yo metí una de mis piernas entre las suyas e hice presión contra su pubis, lo que parecía excitarla. Me levanto la camisa y empezó a recorrerme con besos. Me quito el sostén y empezó a acariciar mis pechos y a besarlos. Con solo eso, yo a duras penas podía aguantar las ganas de gemir, pero no podíamos hacer ruido si no queríamos que nos descubrieran. Volvió a besarme en los labios mientras nos acariciábamos y nuestros cuerpos se rozaban, yo también le había quitado la camiseta y el sostén. Ella empezó a bajar su mano rozándome el cuello, el pecho, el abdomen… y cuando casi llegaba al vientre el coche se detuvo, habíamos llegado a la casa de uno de nuestros amigos, yo me bajé la camisa y ella se puso una chaqueta lo más rápido que pudo. Nos hicimos las dormidas, así que nuestro amigo solo nos besó en la frente para despedirse y se fue. Seguimos la ruta hacia casa. Yo estaba muy acalorada… y lo único que quería era acabar lo que habíamos empezado: me puse entre sus piernas para hacer presión sobre sus genitales mientras las recorría con mi lengua. Baje hasta llegar a su entrepierna, y le desabroche el pantalón, le retire hacia un lado las braguitas y empecé a acariciar su clítoris con mis dedos mientras miraba como disfrutaba. Verla me animó aun más y me decidí a besar chupar y lamer su clítoris, ella se retorcía de placer y se mordía los labios. Pronto llego al orgasmo. Seguimos besándonos, jugando con la lengua pero no tardó en bajar hacia mi sexo, no sin antes detenerse en mis senos y jugar con mis pezones y su lengua mientras me acariciaba la entrepierna… continúo bajando y se detuvo en mi vientre, acercándose y alejándose de mi sexo. Eso me hacia estar cada vez mas excitada, y cuando menos lo esperaba empezó a besar mi clítoris, metió su lengua en mi vagina, salió y volvió a mi clítoris lo chupaba mientras con su lengua lo acariciaba….yo no sabía ya como evitar las ganas de gemir, me mordía los labios me tapaba la boca… y finalmente llegué al orgasmo, un orgasmo increíble como jamás lo había sentido, sentía como que casi perdía el conocimiento. Acabamos agotadas.

En poquito rato yo me pasé al asiento del copiloto y la dejé a ella tumbada donde habíamos estado. Poco después llegamos a casa y nos despedimos con un beso en la mejilla para no levantar sospechas ante nuestro amigo, pero en el cruce de miradas saltaron chispas. Al día siguiente nos volvimos a ver y hablamos como si nada hubiera pasado y eso es lo mejor… porque a ambas nos siguen atrayendo los chicos.

 

 

 

Follando en la cocina - Orgía/Gangbang

 

FOLLANDO EN LA COCINA - Follabamos en la cocina, Toño cogio a mi mujer y la empezo a follar a buen ritmo. Manuela me pillo a mi, imito la posicion de Sofia, se quito el tanga y me puse a coger como un perro

Empezaré contando que las situaciones que voy a describir y los momentos hemos vivido los protagonistas de este relato, han sido posibles gracias a la extrema confianza que nos tenemos los 4, mi mujer Sofía y yo por un lado, y mi amíguete Yago y su mujer Manuela por el otro.

Yago y yo nos conocimos en el colegio, de pequeños y hemos hecho todas las picardías habidas y por haber que hemos podido, nuestra amistad se basó desde el primer momento en la sinceridad, nos doliese o no oírla del otro.

La sinceridad que nos teníamos era tal que nos decíamos las cosas como las pensábamos, todo, absolutamente todo, nos lo decíamos a la cara y aunque algunas cosas escocían, sabíamos que nuestra amistad se basaba en eso.

Nuestras mujeres, viendo cómo nos tratábamos y sabiendo que ellas no podrían hacer nada por cambiar nuestra forma de actuar, fueron también asumiendo que deberían ser sinceras en todo. Manuela es una tipa muy maja, tiene un porte poderoso, alta, delgada y rubia, enseña todo lo que tiene con escotes arriesgados que enseñan un canalillo excepcional, con unos pechos bastante grandes, es muy lanzada y picaruela en todo lo que hace y siempre está de risas.

Sofía es más recatada, es pequeñita y morena, es muy guapa de cara y tiene unos pechos también grandes, pero se recata de enseñarlos yendo con sujetadores que hacen que parezca que tiene el pecho más pequeño. El culo de mi señora es para echarle de comer aparte, es grande y muy curvo y a mí me pone cardiaco. El de Manuela es normal, ni grande ni pequeño, pero rellena bien los tangas.

Ya casados, empezamos a ir con nuestras mujeres de vacaciones, que si al mar, que si a un hotel rural, en fin, como todo el mundo. En un hotel rural, donde habíamos ido a pasar una noche, estábamos haciendo tiempo para ir a cenar, ya que hacía mucho frío y no nos apetecía salir del hotel, viendo un programa de televisión, estaban hablando del intercambio de parejas, cuando Manuela dijo carcajeándose:

• Pues yo no sé si sería capaz de hacerlo, aunque el amigo Toño tiene muchos atractivos, ja, ja, ja. • El tuyo también los tiene, picaruela – le contestó mi mujer. • Vaya con las nenas – dijo mi amigo – nos tienen super fichados. • Cierto – respondí – A alguna de aquí se le va la fuerza por la boca. • Pues yo sí me echaba un polvo a Sofía – dijo Yago. • Y yo a Manuela, no te fastidia.

Entró el encargado del hotel diciendo que estaba la mesa puesta y nos fuimos a otro salón y acabamos con el tema.

Esa conversación fue algo que estuvo madurando las cabecitas de los cuatro durante un tiempo y un par de meses después nos fuimos los cuatro a Canarias a pasar la Semana Santa en un chalet que tenían los padres de Sofía.

Hizo un tiempo extraordinario y como tenía piscina, estábamos allí encantados. La primera noche, dormimos habitación con habitación y cuando estábamos en la cama nos escuchábamos follar los unos a los otros.

A primera hora, hubo muchas risitas entre todos nosotros cuando desayunábamos.

• Estoy muerta – dijo mi mujer. • No me extraña, después de lo de anoche – dijo Manuela. • Sí, no estuvo mal. Vosotros tampoco os quejareis. • Bueno, digamos que empezaron bien las mini vacaciones, a Yago le calentó mucho tus gemiditos. • Me puso como un toro – respondió este.

• Pues me alegro – contestó mi mujer – También Toño disfrutó cuando escuchamos a Manuela lo de “así, así”. • Se me pone dura de pensarlo – dije. • Alguno se acuerda de lo que hablamos en aquel hotelito – dijo Yago. • Yo, me acuerdo – dijo Manuela • Y yo • salté • Yo también – dijo mi mujer.

• ¿Y cómo lo veis? – dijo Yago – A mí me apetecería. • A mí me gustaría probar – dije. • A mí también – dijo Manuela. • Yo no lo sé, supongo que me excita el pensarlo – dijo mi mujer. • ¿Probamos entonces? – dijo Yago.

Todos dijimos un vale, con un movimiento de cabeza.

Pues como yo la tengo dura, me pido empezar ya – dijo Yago. • Y como yo estoy mojadita, me apetece ya – dijo mi mujer – pero tiene que ser todos juntos, ok? • Manuela, te voy a comer enterita – dije yo.

Sin haber terminado el desayuno, empezó un ataque de locura de todos, esta primera vez fue bastante extraña. Ellas no se llegaron a desnudar y nos pusimos a follar directamente en la propia cocina, cada pareja a un lado de la mesa, sin preparativos previos, Toño cogió a mi mujer y la subió un poco la camiseta que llevaba, la bajó un poco la braguita, se bajó el pantalón de deporte y la empezó a zumbar a buen ritmo. Manuela me cogió a mí, imitó la posición de Sofía, se quitó el tanga y se subió un camisón corto que llevaba. Yo vi aquello y me puse a gozar como un perro.

Entre los gemiditos de una, los suspiros de la otra, la cara de mi mujer gozando como una loca y que aquel coño al que estaba sacudiendo de lo lindo, estaba húmedo y caliente a la vez, me corrí el último de los 4, pero como un puñetero perro.

Nada más acabar yo, nos empezamos todos a reír.

• Pues esto ha estado muy bien, espetó Manuela. • Sensacional – dijo Yago. • Yo me he puesto como una moto – dijo mi mujer.

Las chicas se fueron directas a la ducha y nosotros nos quedamos en la cocina fumando un cigarrito.

• ¿Qué te ha parecido? – pregunté. • A mí, fenomenal, hay que repetirlo. • Por mí las que hagan falta. • De acuerdo, a ver que dicen las chicas.

Bajó primero Manuela, con un tanga minúsculo y una camiseta.

• Que bien me ha sentado esto, me voy a tomar el sol. • Me alegro – dije.

Al poco bajó Sofía sonriente.

• Me parece como si hubiese hecho una chiquillada, ¿Manuela está en la piscina? • Sí – dije yo. • Sofía, he follado contigo y no te he visto esas tetas que se adivinan. • En otro momento rey.

Nosotros nos subimos a duchar después y bajamos también a la piscina.

• Chicas, ¿lo volveríais a hacer? • ¿Durante este fin de semana dices? – Preguntó mi mujer – Yo sí. ¿Tú Manuela? • Sin pijama. • Pues todos de acuerdo • espeté.

Y nos pusimos todos a reír.

Estuvimos tomando el sol durante un buen rato, yo me quedé un poco dormido. Cuando desperté, me apetecía ver las tetas de Manuela en su esplendor, cuando vi que tanto mi mujer como Yago estaban mirándome, me fui hasta el sitio donde estaba Manuela sentada y con mis santas narices la cogí los tirantes del bikini y los desaté, volviéndome luego a ponerme delante de ella y a mirarlos con toda tranquilidad.

• Muy bonitos – dije – me apetecía verlos. • Gracias – dijo ella. • Uy qué bien va a estar esto, bien hecho Toño. Sofía, te podrías quitar la parte de arriba para mí, también tengo derecho. • Y la de abajo cuando te parezca oportuno – respondió mi mujer, desnudándose completamente en un momento. • Vaya, vaya con Sofía. Pues sí que estás rica. • Muchas gracias.

Estuvimos haciendo muchas tonterías similares durante todo el santo día, a la hora de la siesta, Manuela me dijo al oído.

• ¿Te vienes a una habitación? • Vale – le dije. • Chicos, nos vamos a una habitación a “dormir la siesta” – dijo Manuela en alto. • Que durmáis bien – dijo riéndose mi mujer.

Esa tarde con Manuela fue toda una experiencia, nada más llegar nos quitamos nuestras respectivas camisetas y nos metimos en la cama y nos estuvimos besando y acariciando durante un buen rato, hasta que los besos iniciales trocaron en besos poderosos con lengua glotona de sexo. Cuando estábamos calentitos Manuela se bajó y me hizo una mamada que todavía se me erizan los pelos de pensarlo, parecía tener una boca descomunal pues podía engullir toda mi polla y adicionalmente pasar la lengua de un sitio a otro de ella. Me comió de forma rabiosa, intentando que disfrutase al máximo y lo que más me quedó estupefacto es que se tragó todito mi semen, espectacular.

Después de darle las gracias y de recuperarme un poco acariciándola, bajé hasta su tanga y procedí a deleitarla con la especialidad de la casa (de la que todos somos especialistas) y la comí el coño hasta que con pequeñas palpitaciones me decían que aquello estaba a punto de acabar, y succioné todo lo que puede su clítoris entrando y saliendo de mis labios. Se corrió con un gritito suave y apagado.

• Qué comida de coño más rica – me dijo cuando se recuperó un poquito.

Nos quedamos dormidos un rato y al despertar escuchamos ruiditos en la habitación de al lado, fuimos hasta allí y el espectáculo estaba servido, a mi mujer la estaban dando por el culo de una forma salvaje. Hice a Manuela, apoyarse en el quicio de la puerta y yo por detrás la follé tan a gusto, aquello era una delicia. Mi mujer se corrió, después de haber sonreído al vernos en la puerta.

Aquella noche y las siguientes estuvimos durmiendo todos los días con los cónyuges cambiados, aunque el último día decidimos hacer una pequeña fiesta en el salón en el que volvimos a follar con nuestra pareja (no lo hacíamos desde el primer día). Aquella fiesta fue excepcional, a mitad de un polvo cambiábamos de pareja, nos hicieron una mamada a dos bandas, en fin, todo un éxito de fiesta.

Recogimos las cosas y nos fuimos para el aeropuerto, aunque antes de salir de casa, yo decidí dar por el culo a Manuela y Toño estuvo en la piscina con Sofía echando el polvo del siglo, según me contó después ella.

Después de esta experiencia, nuestra amistad no se vio disminuida, al contrario, quedábamos más veces con ellos, pero nunca tuvimos nada de sexo entre los cuatro en nuestras casas. De hecho no hablábamos abiertamente del tema, mi amigo y yo sí que hablábamos cuando planeábamos las vacaciones.

En las vacaciones, por decisión de los chicos, decidimos registrarnos directamente en las habitaciones de hotel con los cónyuges contrarios. Cuando la primera vez se lo dijimos a las chicas mientras entrábamos en el hotel (para que no metiesen la pata) ellas dijeron “estáis en todo”. Tiene coña que desde que empezó esta historia, cada vez que voy de vacaciones apenas me follo a mi mujer, sólo en la fiesta de inauguración (la cambiamos por la de despedida, porque después de la fiesta vuelves con tu mujer de nuevo, mejor aprovechar el mayor tiempo posible con la del contrario).

Cuando por motivos varios, uno de los cuatro se va de la ciudad, el cónyuge liberado suele instalarse en el piso de los otros. Yo por ahora he vivido dos de esos encuentros. Una vez se fue Manuela una semana a su pueblo porque había tenido una sobrina y se vino Toño a nuestra casa. Fue fantástico, Sofía siempre andaba desnuda por casa con esos melones que tiene al aire y gozamos los tres de lo lindo, por las mañanitas solía hacer una mamada a Toño según salía de la ducha, yo los miraba encantado de la situación. Estuvo frenética aquellos días, regalándonos mamadas por doquier, y cuando acababa de follar con uno empezaba con otro.

• Estoy gozando como nunca – decía

Todos los días después del sexo yo dormía en el sillón del salón y cuando me despertaba solían haber empezado a hacer sus cosas. Después de la ducha siempre venía la mamada, algo impresionante.

Yo creo que aquella vez fue la que más veces la he dado por el culo. Y es su especialidad.

Otra vez Toño tuvo que irse quince días por trabajo y vino a casa Manuela, me dolió el rabo dos semanas después de marcharse. Es que a veces lo hacían como sin querer. Un ejemplo, viendo la tele estaban parloteando, viene Manuela y me coge el pene y empieza a hacerme una felación, se quita y sigue hablando con mi mujer, sigue hablando y con suavidad me empieza a hacer una paja lenta a más no poder, a los 10 minutos, se da cuenta de lo que estaba gozando y me pregunta:

• ¿Sigo así? • Sí...

Mi mujer se fue a la cocina y hizo más lento todavía la paja, pero haciéndolo mirándome y me dio un placer inaudito.

• Qué bien lo haces... • Gracias...

Esa vez dormí con Manuela, algunos días apenas dormíamos, hablábamos y si nos excitábamos volvíamos a empezar.

Hace tiempo que se fueron a otra ciudad a vivir, pero seguimos yendo de vacaciones juntos cuando podemos. Internet nos ha ayudado en esto, hacemos sesiones de sexo los cuatro a la vez con webcam, o solos con el cónyuge contrario.

Las últimas vacaciones nos pusimos melancólicos hablando de todo lo nuestro.

• ¿Cuál es lo que más ha gustado de esta historia? – preguntó mi mujer – Cada uno el momento que más le ha gustado. • A mí creo que el primer polvo salvaje en la cocina, y cuando estuve en vuestra casa •dijo Manuela. • ¿A ti Yago? – preguntó mi mujer. •


Todas y cada una de las veces que te he dado por el culo.

• Vaya – respondió – a mí la vez que estuviste en casa, aquella mamada de la ducha de todos los días, desayunaba lechecita antes de desayunar. • ¿Te la comiste siempre? • Las dos nos la comimos siempre – espetó su mujer. • ¿A ti Toño?

• Bueno, a mí creo que todo, ver tu cara follando con Toño, la vez que se quedó Manuela en casa, las veces que he dado por el culo a Manuela, verte hacer la mamadita diaria, la cara que puso Toño cuando te vio por primera vez las tetas, cada vez que veo desnuda a Manuela.

• Joder – dijo mi mujer – parece que hayas nacido para esto. • Puede ser. • O que hayamos nacido – dijo Toño. • Ha habido folladas impresionantes – dijo mi mujer – Las noches de los hoteles cada uno en la habitación del otro fueron tremendas. Yo llegué a tener más de 10 orgasmos algunas noches.

• Yo no contaba, gozaba – dijo Manuela – Pero sí, tu maridito me dio lo suyo. • Me acuerdo de una vez que me depilé mis partes una vez y me estuvisteis comiendo el sexo como tres veces al día, no me acuerdo donde. • Yo de una mamada que me hizo alguien, y todavía no sé quien fue, en la piscina de tu casa de Canarias, que me despertó para hacerme una mamada. Me dije, para qué mirar, supongo que fue Manuela, por su técnica exquisita.

• Fui yo – respondió Manuela. • Yo me acuerdo de un polvo en la piscina con Sofía, ella agarrada a la barandilla y yo mirando como flotaban esos pechos que tiene – dijo Toño. • Pues yo lo tengo decidido, para follar prefiero a Toño y para que me den por atrás prefiero a Yago, uno la tiene más delgada y larga y el otro más pequeña y corta – dijo mi mujer. • Estoy de acuerdo • dijo Manuela.

• Se me está bajando el tema tanto recordar – dijo Toño – Así que alguna que me coma el cimbel ya. • Manuela, ¿te apetece por atrás? – dije yo. • Primero me comes un ratito rey – dijo Manuela. • Yo prefiero follar, si te parece – dijo Sofía. • Pues tú arriba y así te veo las tetas bambolearse – respondió.

Y nos pusimos a nuestras cosas, como cada vez que nos vemos y ya va para 15 años nuestra historia...

Autor: Cunlinginfiel

 

 

Masaje en los pies - Pies/Fetichismo de Pies

 

Somos una pareja joven del sur de Europa con una gran complicidad, sinceridad y confianza, que descubrió que, aunque nuestra vida sexual es muy satisfactoria, follar con otras personas complementa nuestra dieta sexual, como las vitaminas.

Él (descrito por ella): Es un chico de 175 cm y 25 años, es delgado de ojos morenos y unos hoyuelos que me hacen derretir. Una mirada sincera y un culo firme de ciclista que nunca puedo evitar tocarlo.

Ella (descrita por él): Es una chica de piel morena, con unos ojazos castaños y una mirada siempre risueña. Mide 165 cm y tiene 23 años, su pecho es bastante grande, y su cuerpo con forma de guitarra (cintura estrecha y cadera pronunciada, curvas de infarto). Tiene unas piernas fuertes, y unos pies preciosos, siempre bien cuidados.

 

 

Yo soy un amante de los pies femeninos, me encanta cuando llega el verano y las chicas ofrecen un desfile de cuidados pies enchancletados que yo miro disimuladamente. Mi chica, por mi afición, siempre los tiene muy bien cuidados y con las uñas pintadas de negro. A ella no es que le excite sexualmente que yo adore sus pies, pero siempre los procura tener impecable ya que le encanta tenerme literal y figuradamente a sus pies.

 

Anoche me ofreció una gran sesión que aquí voy a relatar.

Yo estaba sentado en el sofá tranquilamente, cuando salió de la ducha con un trajecito rojo de vuelo alto y unas sandalias tipo romanas, que dejaban ver perfectamente unos preciosos dedos esmaltados en negro. Solo esa imagen me hizo volar la imaginación, recordar a mi memoria y subir a mi "moral". La vi llegar muy insinuadoramente y se sentó a mi lado, se recostó en el sofá y me puso los pies encima de mi regazo a la vez que pronunciaba una de sus frases favoritas: "Estoy muy cansada, ¿por qué no me das un masajito en los pies?".

Es un ejemplo claro de cooperación muta entre pareja, satisfacción compartida y simbiosis natural. Ella obtenía un relajante y reparador masaje, y yo disfrutaba de la excitante y liberadora sesión.

Empecé a masajear sus muslos, ella se tendió completamente y se dedicó a ver la tele, disfrutar del masaje y descansar, que había estado todo el día trabajando y se lo merecía. Yo, por mi parte, gozaba sentirla bajo mis manos, palpándola, tocándola, acariciándola y mirando unos pies totalmente apetitosos. Poco a poco, me fui aproximando a sus pies y acaricé su tobillo y su empeine, envidiando cómo las tiras de cuero se enroscaban por sus piernas hasta sujetar la suela con su planta. Quité cuidadosamente, o mejor dicho, como pude, esa enredadera de cuero, liberando y desnudando unos pies que pedían a gritos mi actuación.

Empecé con el pie derecho y luego el izquierdo a los que le dediqué el mismo proceso, evidentemente solo comentaré el primero. Giré en círculos su tobillo, para descargarlo del peso soportado durante el día y seguidamente me centré en presionar el talón lateralmente, en paralelo sobre el plano donde se pisa. Mi novia, ante esto no pudo evitar un suspiro de placer anhelado. Seguí subiendo progresivamente hacia sus pequeños dedos, paseando los míos repetidamente por el puente-talón, presionando y masajeándo, mientras me deleitaba con la cara de gusto que ponía mi novia. Al cabo de varios minutos subí un poco más, y en la parte de la planta donde nacen los dedos y que soporta mucho del peso del cuerpo, presioné con mi pulgar, moviendo de forma ondular los dedos entre si. Mi novia me miró a los ojos y exclamó: "Después del sexo, esto es lo más orgásmico que puede sentir una mujer". Ambos nos echamos a reír por la forma tan convencida y convincente de cómo lo dijo. Llegué a sus dedos, los separaba entre ellos introduciendo los de mis manos por sus juntas. Más tarde, los moví en círculos uno a uno, masajeándolos y pulsando con mi pulgar su uña a la vez que la desplazaba muy suavemente. Ambos disfrutamos mucho del masaje, pero aún quedaba mucho más.

 

Recogí del suelo un cojín y lo interpuse entre sus adoradas piernas y las mías, elevando de esa manera sus pies, y acercándolos bastante a mi boca. Reuní sus pies y los puse juntos casi palma con palma. Tenía una multitud de dedos apuntandome directamente, no pude hacer otra cosa que inclinarme y empezarlos a besar. Los besé por los costados, por abajo, por el inicio con su pie y hasta el fin de sus uñas. Eran preciosos, deliciosos, pequeños y suaves, con la uña perfectamente delimitada por el color negro mate del esmalte, y con la forma característica de los genes de mi novia. Seria capaz de reconocer los pies de mi novia de entre miles de otras mujeres, ya que estos los he saboreado, mirado y tocado durante cuatro años, y me siguen fascinando.

Cogí uno de sus pies, lo levanté acercándolos más a mi y lamí su planta con parsimonia y dedicación, como un gato cuando se lava. Mi novia de vez en cuando se estremecía y lo separaba de mi por las cosquillas. Seguí lamiendo por debajo de sus dedos y mi novia, para seguirme el juego, y para que parara de hacerle cosquillas, introdujo el dedo gordo de su pié en mi boca. Me lo pasó por mis labios muy suavemente y echó un pulso con mi lengua, la cual, al poco, se dejó ganar para que pudiera entrar dentro. Me lo introducía y sacaba de la boca, de una manera evidentemente sexual, e intercambiaba sus dedos, para que pudiera disfrutarlos todos. Me miraba picarona, sabiendo que yo estaba disfrutando muchísimo y que estaba muy muy muy muy excitado. Cuando estaba casi extasiado con ellos, me lo quitó de la boca y me dijo casi ordenándomelo: "anda, sácate la polla, que te lo has ganado por el masaje..."

 

Antes de que acabara la frase, ya me había despojado del cojín, de mi pantalón y de mis calzoncillos, y movía la cola como la de un perro cuando su dueño se aproxima a él con la comida, completamente ansioso. Ella estaba semi tumbada, con la espalda sobre el sofá y las piernas hacia arriba (como cuando cambian los pañales a un bebé). Bajó sus pies y me cogió la polla con ellos sin ningún esfuerzo. Es mi chica ideal, porque mi gusto por sus pies es directamente proporcional con su habilidad con ellos. Sin esperar un segundo comenzó a mover sus pies, pajeándolos y dándome muchísimo placer. Yo tenía la polla completamente hinchada y dura, con lo que le facilitaba la labor. Al cabo de un rato meneándomela con sus pies, me cogió la polla con uno, haciendo pinza entre su pulgar y los demás dedos. Lo deslizó hacia abajo, desplazándome la piel y descubriendo la rosada punta. La planta del pie libre la puso encima de mi polla y comenzó a deslizarla, rozando toda su extensión. Yo tuve que ayudarla un par de veces con mi mano, pues a veces se le escapaba mi polla (imaginen la dificultad de la postura). Mi polla, por su parte, se bastaba ella sola, y su calentura para lubricar perfectamente toda la planta del pie, por lo que la sensación era realmente placentera. Al cabo de otro rato, noté a mi novia ya un poco cansada (demasiado tiempo aguantó), la miré, y asombrado, me di cuenta de algo. Con esa postura el vestido se la había subido por encima de la cintura y con la mente centrada en sus pies no me había dado cuenta que no llevaba ropa interior, por debajo del vestido no llevaba absolutamente nada y pude ver perfectamente su coño. Mi mano no pudo hacer otra cosa que dirigirse hacia él, necesitaba cogerlo, tocarlo y notar si mi novia estaba excitada, al menos, una milésima parte de lo que yo estaba. Sin embargo, ella me lo impidió, me dijo: "esta fiesta es solo tuya".

Acto seguido se giró y se puso de rodillas sobre el sofá, inclinandose hacia mi e introduciendo de una vez mi polla en su boca. Desde el primer momento empezó a chuparmela muy rápidamente, cogió con una mano mi polla, con la otra mis huevos y en ese momento me di cuenta que no tenía escapatoria. Si ella tiene muchísima habilidad en los pies, absolutamente nadie le podrá ganar nunca succionando, así que me rendí a sus cualidades. Con los pies pude aguantar, pero con su boca era imposible, así que me relajé y al segundo me corrí, con un orgasmo que creo que aún me dura. Ella intentó guardar el semen que me salía en su boca, pero fue demasiado y los dos acabamos manchados de semen. Sucios, pero plenamente satisfechos.

 

 

 

 

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